Nina Kulagina: la mujer que desafió a la ciencia soviética.
Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética investigó fenómenos que hoy siguen generando debate. Uno de los casos más impactantes fue el de Nina Kulagina. Una ama de casa rusa que aseguró poseer habilidades psíquicas fuera de lo común.

Kulagina nació en 1926 en Leningrado. Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió como operadora de radio en el ejército. Años después comenzó a notar algo extraño. Objetos pequeños parecían moverse cerca de ella sin contacto físico.
Al principio lo mantuvo en secreto. Temía ser considerada loca. Con el tiempo, científicos soviéticos tomaron interés. La citaron a laboratorios oficiales. Allí comenzaron las pruebas.
Los experimentos fueron registrados en video. Se observó a Kulagina concentrarse durante varios minutos. Su respiración cambiaba. Su pulso se aceleraba. Luego, pequeños objetos se desplazaban sobre mesas lisas.
Entre los elementos movidos hubo cerillas, brújulas y pequeños discos metálicos. En algunos casos, los objetos parecían girar. En otros, se deslizaban lentamente.
Los investigadores afirmaron que no había hilos visibles. Tampoco imanes ocultos. Se controló el entorno. Aun así, el fenómeno persistía.
Kulagina aseguró que el esfuerzo le provocaba un gran desgaste físico. Dijo sufrir dolores intensos. También episodios de fatiga extrema. Incluso se reportaron alteraciones cardíacas durante las sesiones.
El caso fue clasificado como secreto durante años. La Unión Soviética veía potencial estratégico. La posibilidad de habilidades mentales aplicadas a la defensa inquietaba a Occidente.
Científicos de diferentes disciplinas participaron. Físicos. Médicos. Psicólogos. Algunos creyeron en la autenticidad del fenómeno. Otros fueron más escépticos.
Los críticos sostuvieron que se trataba de trucos. Sugirieron el uso de hilos invisibles. O manipulación fuera de cámara. También se habló de autosugestión colectiva.
Sin embargo, los defensores remarcaron algo clave. Varias pruebas se realizaron bajo estricta vigilancia. Con múltiples observadores. Sin interrupciones.
Uno de los episodios más citados fue el de una rana. Según los informes, Kulagina logró detener temporalmente el latido del corazón del animal. El hecho generó una fuerte controversia ética y científica.
El estrés psicológico fue constante. Kulagina vivía bajo presión. Observada. Evaluada. Dudada. Su vida privada se volvió pública sin su consentimiento pleno.
Nunca afirmó tener poderes sobrenaturales. Decía que era una capacidad natural. Algo que el cuerpo humano podía desarrollar en circunstancias especiales.
Con la caída de la Unión Soviética, el interés disminuyó. Muchos archivos quedaron inconclusos. Otros se perdieron. El caso pasó al terreno del misterio.
Nina Kulagina murió en 1990. No dejó herederos científicos. Tampoco una explicación definitiva.
Hoy su historia sigue dividiendo opiniones. Para algunos, fue una pionera de fenómenos aún no comprendidos. Para otros, un producto del contexto político y científico de su época.
Lo cierto es que su caso dejó una marca. Mostró hasta dónde puede llegar la curiosidad humana. Y cómo la ciencia, incluso cuando duda, se ve obligada a investigar lo inexplicable.
Nina Kulagina permanece en ese límite. Entre la fe y la razón. Entre la ciencia y el misterio.