Una profecía centenaria vuelve a generar temor y debate.
Más de un siglo después, el misterio de la Virgen de Fátima sigue despertando preguntas. También inquietud. Para creyentes y no creyentes, el relato de aquellas apariciones continúa siendo uno de los episodios religiosos más impactantes del siglo XX. Y sus mensajes, según muchos fieles, aún no se han cumplido del todo.
Todo comenzó en 1917, en un pequeño punto rural de Portugal llamado Cova da Iria. Allí, tres niños pastores afirmaron haber visto a una figura luminosa que se presentó como la Virgen María. Sus nombres eran Lucía dos Santos y sus primos, Francisco y Jacinta Marto. Tenían entre 7 y 10 años. Ninguno sabía leer ni escribir con fluidez.

Según su testimonio, la primera aparición ocurrió el 13 de mayo de ese año. El cielo estaba despejado. De repente, un relámpago cruzó el horizonte. Luego apareció la figura. Vestía de blanco. Brillaba con intensidad. Les pidió que regresaran el mismo día durante seis meses consecutivos.
Las apariciones se repitieron hasta octubre. Cada encuentro atrajo a más personas. Al principio eran pocos curiosos. Después, miles. En la última aparición, conocida como el “Milagro del Sol”, una multitud aseguró haber visto al astro moverse de forma inexplicable. El episodio quedó grabado en la historia religiosa.
La Virgen de Fátima transmitió varios mensajes. Algunos eran llamados a la oración y al arrepentimiento. Otros tenían un tono más oscuro. Advertencias sobre guerras, sufrimiento y castigos para la humanidad si no cambiaba su rumbo. Estos mensajes se conocieron luego como los “tres secretos de Fátima”.
Los dos primeros secretos fueron revelados décadas después. Hablaban del infierno, de la Primera Guerra Mundial y del surgimiento de conflictos aún peores. Muchos interpretaron esas palabras como una referencia anticipada a la Segunda Guerra Mundial y al avance del comunismo en Europa del Este.
El tercer secreto fue el más polémico. Permaneció oculto durante años. El Vaticano lo mantuvo bajo estricta reserva. Recién fue divulgado oficialmente en el año 2000. Según la versión oficial, se trataba de una visión simbólica sobre la persecución a la Iglesia y el atentado contra el papa Juan Pablo II.
Sin embargo, no todos quedaron conformes con esa explicación. Algunos teólogos y creyentes sostienen que el mensaje completo nunca fue revelado. Creen que existiría una advertencia aún más grave. Una relacionada con el fin de los tiempos. O con una gran catástrofe global.
Estas interpretaciones alimentaron teorías durante décadas. Cada crisis mundial vuelve a poner a Fátima en el centro del debate. Guerras. Pandemias. Desastres naturales. Todo parece encajar, para algunos, en las advertencias transmitidas en 1917.
La imagen de la Virgen de Fátima se encuentra hoy en la Capilla de las Apariciones. El lugar recibe millones de peregrinos cada año. Personas que buscan consuelo. Respuestas. O simplemente fe. Es uno de los centros religiosos más visitados del mundo.
Lucía, la única vidente que llegó a la adultez, ingresó a un convento. Murió en 2005. Hasta el final de su vida sostuvo la veracidad de las apariciones. Francisco y Jacinta murieron siendo niños, víctimas de la gripe española. Ambos fueron canonizados por la Iglesia.
El Vaticano reconoce oficialmente las apariciones de Fátima. Las considera auténticas. Pero mantiene cautela sobre interpretaciones apocalípticas. Para la Iglesia, el mensaje central es espiritual. Conversión. Oración. Paz.
Aun así, el misterio persiste. Fátima sigue generando temor, esperanza y debate. Más de cien años después, su mensaje no perdió fuerza. Para muchos, es una advertencia vigente. Para otros, un símbolo poderoso de fe. Pero una cosa es segura: el eco de Fátima todavía resuena en el mundo.