La geopolítica del Ártico es conocida por sus rutas marítimas y recursos naturales.
Estados Unidos reactivó su interés estratégico en Groenlandia, una región clave por su ubicación geopolítica, sus recursos naturales y el impacto del deshielo, que abre nuevas rutas marítimas y despierta la atención de las principales potencias globales.
La propuesta generó una reacción inmediata de Dinamarca, que reafirmó su soberanía sobre el territorio y rechazó cualquier intento de presión externa, recordando que el estatus político de Groenlandia está protegido por acuerdos internacionales vigentes.
Desde Groenlandia, autoridades locales expresaron inquietud por el uso político de su territorio, subrayando que cualquier discusión sobre su futuro debe basarse en la autodeterminación y no en intereses económicos o militares extranjeros.
Analistas internacionales coinciden en que el renovado interés estadounidense responde al avance de China y Rusia en el Ártico, una región que se consolida como escenario central de la competencia estratégica del siglo XXI.
El debate vuelve a poner sobre la mesa la tensión entre soberanía, recursos y poder global, mientras el Ártico deja de ser una periferia helada para transformarse en un punto caliente de la política internacional.