La elección de los compañeros de viaje resulta importantísimo.
Viajar siempre fue una experiencia asociada al descubrimiento, pero en los últimos años ha emergido una tendencia que transforma por completo la forma tradicional de hacer turismo: viajar acompañado por personas totalmente desconocidas. Lo que antes parecía incómodo o incluso riesgoso, hoy es analizado por la ciencia como una práctica con efectos positivos tanto a nivel emocional como social.
Estudios recientes en psicología del comportamiento y sociología del turismo señalan que compartir un viaje con extraños puede generar vínculos más intensos y auténticos que aquellos que se forman en la vida cotidiana. La razón es simple: cuando las personas salen de su entorno habitual, bajan las defensas sociales, se muestran más abiertas y reducen los filtros con los que normalmente interactúan.
El viaje funciona como un “acelerador social”. Al convivir durante varios días, tomar decisiones conjuntas y enfrentar situaciones nuevas —desde perderse en una ciudad desconocida hasta resolver imprevistos— se crea un contexto propicio para la cooperación, la empatía y la confianza. La ciencia explica que estas experiencias compartidas liberan oxitocina, la hormona vinculada al apego y la conexión emocional.
Otro factor clave es la ausencia de etiquetas previas. Cuando se viaja con desconocidos, no existen roles impuestos ni expectativas acumuladas. Nadie espera que seas “el responsable”, “el gracioso” o “el que siempre organiza todo”. Esa libertad permite explorar otras facetas de la personalidad y experimentar una sensación de autenticidad que muchas personas describen como liberadora.
Desde el punto de vista psicológico, este tipo de viajes también ayuda a combatir la soledad, incluso en personas que tienen una vida social activa. Compartir experiencias intensas con otros genera recuerdos comunes que fortalecen la sensación de pertenencia, aunque el vínculo sea temporal. La clave no está en la duración de la relación, sino en la intensidad del intercambio.
El fenómeno no es casual. Plataformas turísticas y agencias especializadas han comenzado a ofrecer viajes grupales diseñados específicamente para personas que no se conocen entre sí. Estos programas suelen incluir actividades colaborativas, dinámicas de integración y espacios de convivencia pensados para favorecer la interacción natural, sin forzarla.
La ciencia del viaje también señala que el conflicto, lejos de ser negativo, cumple un rol importante. Resolver desacuerdos sobre horarios, recorridos o gastos obliga a desarrollar habilidades de comunicación y negociación. Superar esos pequeños roces fortalece el grupo y aumenta la sensación de logro compartido, algo que rara vez ocurre cuando se viaja solo.
Además, viajar con desconocidos puede modificar la percepción que tenemos de los demás. Al convivir con personas de distintas edades, culturas o profesiones, se reducen prejuicios y estereotipos. Investigaciones en psicología social indican que este tipo de contacto directo es una de las formas más efectivas de promover la tolerancia y la comprensión mutua.
No menos importante es el impacto en la memoria. Los recuerdos asociados a emociones intensas y situaciones novedosas tienden a fijarse con mayor fuerza. Por eso, muchas personas recuerdan con más detalle viajes realizados con desconocidos que vacaciones rutinarias con amigos o familiares.
Lejos de ser una moda pasajera, viajar con compañeros desconocidos parece responder a una necesidad contemporánea: conectar de manera genuina en un mundo cada vez más digital y fragmentado. La ciencia respalda lo que muchos viajeros ya intuían: salir de la zona de confort, incluso en lo social, puede enriquecer profundamente la experiencia turística.
Así, compartir un viaje con extraños deja de ser una apuesta arriesgada para convertirse en una oportunidad. Una forma distinta de recorrer el mundo, pero también de conocerse a uno mismo a través del reflejo de los otros. Si algo demuestra esta tendencia, es que a veces las mejores historias comienzan con un simple “hola” a alguien que nunca habíamos visto antes.